LAS MAREAS

Por Alberto Blanco. 5/11/2019

Después de haber hablado sobre cómo siento yo la biodinámica craneosacral, podemos empezar a hablar de varios de los principios que intervienen en esta terapia, como los conceptos de Mecanismo Respiratorio primario, el Aliento de Vida, la Quietud Dinámica o las Mareas. En este post, os hablaré sobre estas últimas.

William G. Sutherland, padre de la terapia craneosacral y alumno directo de Andrew T. Still, padre de la osteopatía, pasó 40 años desarrollando los cinco principios del modelo biomecánico (que no biodinámico) de la terapia craneosacral: el Mecanismo Respiratorio Primario, pero hacia el final de su vida la escritura de Sutherland experimentó un cambio de énfasis para incluir no sólo la mecánica y los movimientos infinitesimales de las estructuras del cuerpo, sino también una creciente reverencia por el Aliento de Vida: “La expresión de la Inteligencia de la vida misma”, la fuerza de vida inherente del cuerpo humano que está detrás de sus ritmos involuntarios y que conlleva la capacidad de autocuración.

Fue durante estos últimos años de su vida que comenzó a describir principios como ser un observador más pasivo, a observar la capacidad de autocuración como la fuente primaria de curación, antes que el intento del terapeuta de reducir los patrones de tensión. Esto dio nacimiento al modelo biodinámico.

Desde el punto de vista biodinámico, el Aliento de Vida es el motor que crea distintos fenómenos dentro del cuerpo humano, algunos de ellos conocidos como Mareas. Estas mareas son ritmos que subyacen a cualquier otro ritmo del cuerpo, pueden percibirse como una respiración (por lo que también se les llama Respiración Primaria), con sus correspondientes fases de inhalación, exhalación (expansión, contracción). que se despliegan según el paradigma holográfico, donde cada parte es una expresión del todo y a su vez, tiene la totalidad expresada en ella. Como fractales, en los que unas están contenidas y a la vez contienen a las otras. Podemos hablar así de “marea dentro de mareas”, y de tres niveles distintos de trabajo y de percepción: La Marea Larga, la Marea Media y el Impulso Rítmico Craneal.

                          

«Ritmos dentro de ritmos» y Fractales

MAREA LARGA

Es el ritmo más profundo, primigenio y original. La expresión del Aliento de Vida y fuerza organizadora del campo bioeléctrico humano.

Es un ritmo muy estable ya que no varía en función de las condiciones de la persona en un momento determinado, sino que se mantiene en un ritmo de aproximadamente 100 segundos por ciclo. Y se expresa como un fenómeno de campo: se siente en el paciente, pero se expande incluyendo al terapeuta y a todo lo demás.

La expresión de la Marea Larga significa que se están manifestando los recursos curativos a un nivel muy profundo, no hay nada que hacer entonces excepto mantener un campo perceptual amplio y observar profundamente lo que se despliega. A este nivel, la curación se basa en la resonancia y la humildad, el terapeuta solo tiene que estar abierto al proceso.

MAREA MEDIA

La potencia procedente de la Marea Larga disminuye y se transmuta en un proceso fisiológico dentro de los fluidos, células y tejidos. Mientras estamos trabajando a este nivel, la información que llega por parte del cuerpo se experimenta como una totalidad. La potencia, los fluidos y los tejidos se perciben como una misma unidad funcional: Los movimientos de las distintas estructuras pueden diferenciarse, pero se sienten como parte de un campo de tensión y de acción único.

Esta marea se expresa a un ritmo de 2´5 ciclos por minuto. La cualidad de este ritmo pone de manifiesto los recursos que posee el sistema de la persona, y a este nivel, debemos confiar en este plan inherente de tratamiento de cada historia de vida. Puede expresarse un trauma en relación con esa historia, pero siempre estará dentro de los recursos del paciente.

IMPULSO RÍTMICO CRANEAL

Este es el nivel donde el ritmo es más variable y dependiente, ya que representa la naturaleza condicionada del sistema humano, tanto por la genética, como por el nivel de activación vegetativa, por los traumas y bloqueos contenidos en el cuerpo y por las experiencias de vida no resueltas, que pueden expresarse como resistencias en los tejidos, fluidos, cargas emocionales o patrones psicológicos.

Este ritmo se expresa con una velocidad variable de entre 8 y 14 ciclos por minuto. Es lo que conocemos como Ritmo Craneosacro: A este nivel sentimos que las distintas estructuras expresan por separado su movilidad y motilidad. La atención del terapeuta se cierra y se focaliza en la fuerza y la resistencia, centrándose en los resultados y sensaciones de lo que está ocurriendo, como las distintas líneas de tensión de o movimiento que pueden tener lugar. Aquí la curación ocurre más como resultado de la intervención del terapeuta.

Continuando con el ejemplo oceánico, el nombre de mareas fue puesto precisamente por esa sensación de agua que se aproxima, y se vuelve a retirar, de forma constante y rítmica.

La Marea Larga sería como la profundidad del océano, con un ritmo muy lento pero constante e invariable, si nada que lo pueda alterar. La Marea Media la podemos imaginar como el espacio entre este fondo oceánico y su superficie, donde hay corrientes lentas y donde hay pocas cosas que la puedan alterar de forma abrupta. Una corriente que mueve las algas ancladas en su suelo de una forma lenta y regular. Por último, el Impulso Rítmico Craneal sería la superficie, donde se forman olas grandes y pequeñas, de distintos ritmos y formas, en función de las corrientes más profundas, del viento de la superficie y de cualquier cosa que surja en esas aguas que pueda alterar su forma y movimiento.

Estos ritmos expresan nuestra salud, nuestra potencia, los recursos de los que disponemos  y los traumas, bloqueos o tensiones que pueden estar contenidos en nuestro sistema, dependiendo del nivel en el que estemos trabajando o que se esté expresando en cada momento. Contactar con ellos es la forma de acompañar, apoyar y reforzar esa fuerza que mantiene en funcionamiento todas nuestras funciones, potenciando así  la capacidad de autorregulación y autosanación de nuestro organismo.

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